La frenada a altas temperaturas requiere tanto capacidad térmica como estabilidad de fricción. Comience evaluando la energía por parada (inercia y velocidad) y el ciclo de trabajo (paradas por hora). Elija un diseño de freno con una fuerte disipación de calor—los frenos de disco suelen tener una ventaja debido al flujo de aire y las superficies expuestas, mientras que los frenos de tambor de servicio pesado también pueden funcionar con un tamaño y ventilación adecuados.
El material de fricción es crítico. Los revestimientos semimetálicos o sinterizados generalmente toleran temperaturas más altas y resisten mejor la pérdida de fricción que los materiales orgánicos. Sin embargo, pueden aumentar el desgaste en discos o ruedas de freno. Confirme la temperatura máxima de operación del revestimiento, la estabilidad del coeficiente de fricción a través de la temperatura y el método de unión.
Considere también el entorno: el calor radiante, el polvo caliente, la escama o la niebla de aceite en metalurgia pueden degradar rápidamente los componentes. Use sellos resistentes al calor, recubrimientos apropiados y estructuras mecánicas robustas para prevenir la distorsión y la deriva de holgura. Finalmente, incluya el mantenimiento en el plan: inspecciones frecuentes para detectar glaseado, grietas o endurecimiento ayudan a evitar la pérdida repentina de torque. Cuando tenga dudas, sobredimensione para un rendimiento térmico—no solo para el torque.





