Puede ser cualquiera, y la forma más rápida de diagnosticar es separar la “entrega de energía” del “movimiento mecánico”. Primero, verifica la entrada del actuador: voltaje correcto y energía estable para liberación electromagnética, presión y flujo hidráulico/aire correctos para sistemas de fluidos, y temporización VFD/control correcta para los propulsores electrohidráulicos. Si la entrada es baja o inestable, la liberación será lenta o incompleta.
A continuación, verifica la salida del actuador: longitud de carrera, empuje/fuerza y tiempo de respuesta en comparación con las especificaciones del fabricante. Un propulsor con bajo nivel de aceite, desgaste interno o aceite de viscosidad fría puede moverse lentamente incluso con energía correcta.
Por último, inspecciona la obstrucción mecánica: pasadores atascados, enlaces doblados, desalineación, corrosión y geometría de instalación incorrecta pueden hacer que incluso un actuador saludable tenga dificultades. Una prueba sencilla es desconectar el actuador del enlace (si es seguro y permitido) para ver si el actuador se mueve libremente. Siempre vuelve a montar y prueba en condiciones controladas. La liberación lenta debe tomarse en serio porque puede causar arrastre, sobrecalentamiento y operación insegura.


